lunes, marzo 24, 2008

No sirvo para nada,no valgo para nada



En cierta ocasión un discípulo se acercó a su maestro y le dijo:
-Maestro, me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. A menudo me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento, muchacho pero no puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mí propio problema. Quizá después ... -Y haciendo una pausa, agregó: -Si quisieras tú ayudarme a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te podría ayudar.
-Encantado maestro, -aceptó el joven a regañadientes, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien, -continuó el maestro, y quitándose un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda se lo dio al muchacho diciéndole: -Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma de dinero posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él. Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
–Maestro, -dijo, -lo siento. No es posible conseguir lo que me pides . Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo, -contestó sonriente el maestro. -Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar el caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven. –Sí, -replicó el joyero. -Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente no puedo ofrecer más.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate, le dijo el maestro después de escucharlo. -Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera que se te acerca descubra tu verdadero valor? Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

miércoles, marzo 19, 2008

Comerciando con los sentimientos


A propósito de que es Semana Santa, he visto cantidades de limosneros por doquier pero sobretodo afuera de las iglesias, o en ocasiones en el transporte público con el speech de que Dios los bendiga, o Cristo los bendiga. Ok, estoy de acuerdo en que hay que practicar la caridad, pero estas personas me parecen un tanto oportunistas, como si dijeran para sus adentros:"hay que aprovechar ahora que andan sentimentaloides con esto de la Semana Santa".

Comprendo que hay gente realmente necesitada, pero pienso que esta gente es la que menos anda queriendo engañar a otros por medio del chantaje y la manipulación, y se le nota deveras que no tienen ni que comer.

Lo mismo pasa en la Navidad, de hecho yo conozco a una familia que le hace a todo para subsistir, venden quesadillas, a veces trabaja la mamá en el OXXO como cajera, a veces venden chicles y dulces en la calle, lo cual se me hace bastante loable, pero lo que no me gusta que hagan es que en tiempo de Navidad se visten con los peores harapos que encuentran y tal pareciera que se arrastran en la tierra para quedar mugrosos y salen a pedir a las calles. Estas personas nos han contado que tienen carro y computadora, cosa que uno ni se imagina cuando los ve en esas fachas pidiendo limosna.

En fin, yo no sé si esté haciendo una acusación muy dura, pero al menos por lo que he visto, así me ha parecido. Ojalá no me pase como la película de Pedro Infante cuando critica a los limosneros y luego él acaba de limosnero, pero la verdad es que me enoja que la gente sea oportunista y se valga de malas artimañas para sacar ventaja en este tipo de eventos.

Estoy de acuerdo que hay mucha gente en las calles y que hay que aprovechar, ok, eso me parece muy válido, pero eso muy distinto.

En fin, de todos modos, el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra...(autogol)
He dicho.